Por Marina Sepúlveda

noviembre de 2025

 

Con icónicas imágenes del Che, celebridades y astronautas, el Pop brasileño de los 60 y 70 refuerza la proyección latinoamericana del Malba en una muestra que llega de la mano de la Pinacoteca de San Pablo, y que podrá visitarse hasta el 2 de febrero, al tiempo que estimula reflexiones, deseos y resistencias en una muestra que reúne más de un centenar de obras fundamentales.

La recién inauguradas “Pop Brasil: vanguardia y nueva figuración, 1960s-70s” organizada por la centenaria Pinacoteca de San Pablo y con curaduría de Pollyana Quintella y Yuri Quevedo, desplaza la atención sobre los modos de percibir el mundo y accionarlo, al conjugar los cuerpos y deseos de las vanguardias brasileñas expuestas en más de 120 obras y 50 artistas de los experimentales años 60 y los 70.

Además, la exposición celebra el aniversario 120 de la Pinacoteca y los 10 años de comodato de la colección Roger Wright en la institución brasileña, permitiendo por primera vez reunir un cuerpo de obra que da cuenta de un tiempo de efervescencia cultural y social. Pero, a su vez, da materialidad a la disputa político simbólica que lleva una década en Brasil sobre este imaginario, según el curador, habilitando “nuevos significados” que son leídos, llamativamente,  muy sintonía tanto en Brasil como Argentina.

Y si bien “Pop Brasil” en su edición porteña no alcanza las 250 piezas expuestas ni los 100 artistas en San Pablo -realizada con motivo del 60° aniversario de las fundamentales muestras Opinião 65 y Propostas 65–, en esta edición se incluyen más de 15 obras del acervo Malba y Eduardo Constantini, como son “Elevador social” (1966) de Rubens Gerchman y el icónico rostro del Che en “Guevara” (1968) realizado con tintas industriales por Claudio Tozzi: obra en la cual se funde arte, política y cultura de masas, y la pregnancia del rojo.

Hélio Oiticica, Anna Bella Geiger, Antônio Dias, Mira Schendel, Rubens Gerchman, Wanda Pimentel, Claudia Andujar, Wesley Duke Lee y el propio Tozzi, son algunos de los artistas presentes en el relato curatorial que abarca tiempos de vanguardia y contrapropuesta a la modernidad, feminismos e industrialización, dictadura y censura (1964-1985) y resistencia cultural desde el arte y lo colectivo.

También son tiempos del desarrollo de la industria cultural y la apropiación del lenguaje de los medios de comunicación para llegar a la gente desde lo conocido, donde está presenta también la organización de los colectivos “negros”.

En resumen, “Pop Brasil”, abarca un “periodo como proceso de surgimiento de la industria cultural, la ruptura democrática del país (en 1964 y) la transformación de la sociedad brasileña”, destacan los curadores. Procesos que a nivel internacional son testigos de la Guerra Fría (renovada en otros niveles con la disputa multipolar actual) y la carrera espacial, la disparidad en procesos de industrialización de los países, por ejemplo. 

Ubicada en el segundo piso del museo (Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA) y conformada por pinturas, fotos, serigrafías, instalaciones y videos, la muestra se desgrana en seis núcleos temáticos de “micropolíticas“ foucaultianas que anclan historias y derivas como: 

Poder, resistencia y cultura marginal (en respuesta al golpe cívico-militar de abril de 1964); Multitud y espacio público; Astros y astronautas; Deseo y trivialidad; Construcción, imagen y subdesarrollo; y los Happenings de banderas.

Desde los antecedentes de construcción de una identidad nacional hasta los 40, el foco es el paso “de la utopía modernista que contemplaba la idea de responsabilidad reorganizar la sociedad en una más justa” a la búsqueda de una autonomía del arte a través de las formas en los 50, y llega hasta lo experimental de los 60 en que “los artistas se apropian de la imagen existente en las calles y las vuelven al circuito artístico” como respuesta al golpe que dicta la “imposibilidad de este proyecto moderno” de transformación, explica la curadora.

“Los artistas comprenden que las imágenes están llenas de significado y mensajes políticos, y cuando se ve al Che Guevara de Tozzi esto es muy distinto a la imagen vacía y superficial de la Marylin de Warhol”, en cambio, la del Che fue “muy reproducida en Brasil y Latinoamérica como gran ícono político y pop, lleno de significado que llama a ampliar la conciencia social y la lucha”. Y todo dado en un “contexto de industrialización dependiente, con un pop muy político y contradictorio y artesanal”, y con la televisión llegando a las casa “en una sociedad en la que había gente no alfabetizada, y aún hay, entonces, los artistas empiezan a pensar su lugar frente a este agotamiento de las promesas modernas y la emergencia de nuevas políticas de participación, de estética”, agrega.

Entre las numerosas obras se destacan los dibujos impresos en hojas de computación -de esas usadas en los centros de cómputos-, un retrato de un sexi Chico Buarque -fotografía de Andujar- y la proyección nacional de Roberto Carlos, Gilberto Gil y Caetano Veloso, por ejemplo, hasta Bob Dylan, o bien un superman volando por encima de un móvil de Alexander Calder de Julio Plaza, y un llamativo tributo a Lucio Fontana, el artista argentino del espacialismo radicado en Italia, homenajeado por Nelson Leirner. 

Cada obra abre un mundo especial y contradictorio con el resto -señala Quintella en una visita previa a la inauguración de principios de noviembre-, como el de cuerpos femeninos recortados en la intimidad en las obras de Pimentel, y con sugestivos nombres como ”Objeto de seducción” de Lygia Pape o “Caja de hacer el amor” (1967) de Teresinha Soares, y una obra de Teresa Nazar, la única argentina presente con su crítica al consumismo, en el núcleo dedicado al deseo.

Lo pop es reconocible en un retrato de pareja de colores netos que recuerdan la contemporánea obra de la local Martha Peluffo, y observada en la pintura “Astronautas” de Tozzi que ilustra la muestra y habla sobre tecnología e imposibilidad.

Muy distinta es la provocativa instalación de Antonio Dias “Hágalo usted mismo: territorio de la libertad” (1968): una obra emblemática y crítica del sistemas de control político y cultural consistente en una cuadrícula dibujada en vinilo sobre el piso que sugiere, según cuentan, espacios de disputa y restricción. Y por otro lado la estremecedora “Espacio vida” (1977) de Carlos Zillio: una tabla blanca apoyada en el piso con clavos desparramados en su superficie.

Otras piezas son un fragmento de “Garrincha, alegría del pueblo” (1962), la película de Joaquim Pedro de Andrade que toma la figura del futbolista y las emociones que se desatan, el rostro del Che asesinado, carteles a lo cómic como “Buum“ (1966) de Marcello Nitsche, o los disruptivos paquetes ensangrentados de Artur Barrio (1969-70) con esa fuerza de interpelación directa, acerca de cuerpos torturados y asesinados, en estrecha relación entre arte y política.

La temática de la cultura marginal y los delincuentes como héroes es lanzada por Hélio Oiticica -por ejemplo- con su “Sé marginal, sé un héroe“ en forma de bandera que se convirtió en símbolo de la cultura marginal y resistencia ante una sociedad opresiva. Esta imagen es parte del especial dedicado al Happening de las banderas de 1968. 

“Con todas estás transformaciones, la única solución fue hacer un trabajo sincero del proceso de protesta que se vivió en todo el arte como el Cinema Novo, los grupos de teatro, las propuestas más populares de los sindicatos, organizaciones estudiantiles. Los artistas se reunieron con el propósito de hacer un trabajo más colectivo, surgiendo estás reuniones para hacer obra individual, pero desde un  proceso de producción colectivo”, explicó Tozzi, el invitado de honor a la charla inaugural de la exposición. 

Esas banderas originales expuestas ahora, que estuvieron colgadas en la Plaza General Osorio, Ipanema (Río de Janeiro), fueron hechas desde “una revolución de soporte y técnica -como la serigrafía que aprendió en Milán- para llegar a un público más amplio, un público que se encontraba con la obra y no tenía que buscarla”.

Pero, la incorporación de la técnica serigráfica trabajada a partir de una foto, por ejemplo, donde la imagen queda reducida a sus elementos esenciales sin tonos intermedios, no es “un gesto de banalización como en el pop americano”, aseveró el artista.

Es que, si hablar de arte pop remite a Estados Unidos, el término comparte diferencias entre norte y sur: “mientras los Estados Unidos desarrollaron una industrialización más homogénea, con contradicciones, constituyendo una sociedad de consumo, el pop americano destaca el cinismo de Andy Warhol y otros”, pero, advierten, “en Brasil el contexto de industrialización es totalmente distinto, contradictorio” y eso se observa en “trabajos que hablan de un proceso de modernización” donde conviven “lo moderno y premoderno, lo tradicional e industrial”, y esto se observa “en el pop brasileño llamado también de nueva figuración”, diferencia Quevedo. 

“Pop Brasil” cierra en el largo pasillo con sus banderas originales y las reflexiones testimoniales expresadas en “Ver oír” (1966), el corto de Antonio Carlos Da Fountoura.

En las fotos puede verse a Claudio Tozzi, Pollyana Quintella, Rodrigo Moura, Yuri Quevedo (en la tercer imagen), durante la presentación de la muestra inaugurada el el 7 de noviembre 2025.

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